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jueves, 3 de mayo de 2012

Sobre la bipolaridad Madrid-Barça


El otro día leía un magnífico artículo de mi amigo y compañero de Mundo Pelotudo Luis Tejo, titulado "Hartos del Clásico", que me dio bastante que pensar. Antes de nada, debo recomendaros encarecidamente que sigáis sus pasos y leáis sus artículos en VAVEL (http://www.vavel.com/). Es un auténtico crack, además de gran seguidor y experto de la Liga italiana.

Os recomiendo que lo leáis. Pero para resumir, es una crítica al creciente bipartidismo Madrid-Barça que ha dominado el fútbol en las últimas temporadas y que no tiene visos de cambiar en el futuro; Una queja en favor del resto de equipos, cada vez más olvidados en los noticiarios deportivos, menospreciados a la hora de repartir beneficios económicos y convertidos en meros 'sparrings' de los dos grandes, que se juegan la Liga año tras año sin más rival que ellos mismos; Y sobre todo, un llamamiento a una mayor igualdad en una competición que cada vez aburre y harta más a los seguidores que "se rebelan", como Luis dice, en contra del orden establecido, del "o eres del Madrid o eres del Barça", incluso cansando también a los propios hinchas blancos y culés, saturados por la feroz guerra mediática que se ha desatado, sobre todo, en las últimas dos temporadas, hasta alcanzar límites poco agradables.
Es cierto que desde la llegada de Mourinho se ha multiplicado la 'guerra' que siempre ha existido entre Real Madrid y Barcelona y no sólo en lo deportivo, sino también en crispación a nivel Nacional. De hecho, Mou fue fichado básicamente por dos motivos: Era el técnico más exitoso y prestigioso del momento junto con Guardiola y además se le consideraba el único capaz de cortar la creciente hegemonía blaugrana, que había logrado desplazar al Madrid en cuanto a equipo referencia en España y en Europa. Era todo lo que el barcelonismo detesta y entre comillas, hasta temido por la parroquia culé.

Cuánto porcentaje de culpa tiene Mourinho, cuánto Guardiola, cuánto tienen los clubes y cuánto los medios y los aficionados, es otra historia. Pero es innegable que el pulso entre los dos grandes desde que ambos entrenadores han llegado nuestra Liga se ha vuelto tan grande, tan tenso y rancio, hasta en ocasiones violento, que provoca que lo que es simplemente una lucha deportiva se traduzca en un conflicto en el que se casi se discute por defender una manera de entender la vida, como el sentido de las victorias y las derrotas, si es más importante ganar o cómo se gana. A esto se refiere Luis cuando habla de que "el equipo elegido por el aficionado pasa a ser el bueno, que abarca todas las virtudes imaginables y debe vencer al equipo malo, el enemigo, que encarna todas las aberraciones humanas". Para los seguidores del Barça, Mourinho es el mal y el Real Madrid es ese equipo rastrero que no sabe perder, que con tal de ganar es capaz de utilizar todas las artimañas posibles. Para los madridistas, el Barça es un equipo hipócrita y demagogo, que no acepta un fútbol distinto al suyo, calificado de "pensamiento único", para el que todo lo que no sea hacer las cosas según sus ideas tiene menos valor. Es la continua lucha del bien contra el mal.
Sin embargo, esta eterna batalla épica por la supremacía de una idea futbolística en forma de club dominante siempre ha existido y siempre existirá. Lo que sucede es que se ha hecho mucho más visible y palpable en los últimos años. Y los medios, ávidos de carnaza que trasladar a sus páginas en forma de 'guerra deportivo-literaria' para atraer a las masas y ganar dinero a costa del circo, la han multiplicado por cien mil. Madrid y Barça siempre han copado los espacios deportivos y siempre ha sido habitual tener que pasar varias páginas del Marca o el As para encontrar información sobre el Atlético de Madrid, y no digamos sobre el resto de equipos. Y si ahora son Mourinho y Guardiola, antes lo fueron Lorenzo Sanz y Núñez, por ejemplo.


¿Qué ahora es mayor la desatención mediática? Por supuesto. Pero hay que mirarlo todo en su justa medida. El fútbol no deja de ser un negocio basado en el espectáculo. Triste pero cierto. Al fin y al cabo y dejando aparte a las cadenas públicas, a veces se nos olvida que los medios, lamentablemente, no son más que empresas privadas que pueden hacer lo que les venga en gana con su tiempo y su dinero. Y seguro que sus dirigentes no son tan estúpidos como para no elegir bien a qué dedicar más 'parné'. No se le prestaría la atención que se le presta al Madrid y al Barça y a su continua 'batalla épica' si no fuese lo que la gente reclama. Pongo un ejemplo: Esto es como cuando hace algún tiempo conocimos la noticia del cierre de CNN+. Todo el mundo se  abrió el pecho y se llenó la boca de lamentos y críticas, alegando que "se cerraba una cadena de televisión seria y que ofrecía un gran servicio a la comunidad en favor de la telebasura". Pero, como dijo mi buen amigo Álex Fidalgo por aquel entonces, ¿quién veía CNN+? ¿Éramos todos los que lamentamos la decisión unos incondicionales de la cadena? ¿Nos sentábamos diariamente delante del televisor durante cinco horas seguidas para ver noticias? No, ¿verdad?
Quizá en esos momentos la gente estaba viendo los documentales de la 2, el otro espacio televisivo que todo el mundo sigue de boquilla en este país. Pero no nos engañemos. La gente sigue viendo Gran Hermano porque gusta, sigue viendo La Noria (ahora me asaltan las dudas sobre si sigue existiendo este programa o no, pero si no, habrá alguno similar que lo sustituya) porque gusta y en lo que nos incumbe, el programa deportivo más seguido de este país es Punto Pelota (opiniones sobre el programa aparte) porque a la gente le gusta. No es justa la desigualdad mediática que existe en el fútbol en España, pero existe porque así está montado el sistema, que funciona porque la gente quiere y lo acepta. E incluso no es malo reconocer que en parte todo ese 'mundillo propagandístico' da un punto sano de morbo al día a día del seguidor futbolero (si se sigue en su justa medida), porque a veces de lo que va esto es de hablar de rumores, filtraciones y polémicas con los amigos, criticando al medio de turno. La finalidad no es creerse lo que se dice, sino discutir. No se puede negar que, aunque se haya vuelto muy rancio y turbio, es un mundillo rastrero y picaresco que da vida al fútbol español, es la savia que alimenta esas 'conversaciones de bar' sin las cuales el deporte Rey no sería tan Rey...siguiendo todo esto, insisto, con moderación.

Otro tema bien distinto es si este sistema es justo o injusto. Y por eso digo que hay que mirarlo todo en su justa medida. Por un lado tenemos el factor ya expuesto de la oferta de los medios "porque es lo que la gente quiere". Pero no deja de ser también verdad que cuando uno se pone a seguir la prensa deportiva nacional no tiene mucho donde elegir. Así que, siendo ciertos estos dos argumentos, conviene tenerlos muy presentes, además de señalar otros factores que también cuentan a la hora de configurar este "sistema bipartidista" del fútbol español.


Se queja Luis de que eso de que tenemos "La mejor Liga del mundo" es una falacia, ya que "la mejor Liga del mundo es una Liga competida". En eso estamos totalmente de acuerdo. La Liga está descompensada. ¿Por qué? Básicamente, por el reparto de beneficios televisivos. Con el sistema actual es muy difícil que los clubes llamados a disputarle la hegemonía al Barça y al Madrid puedan tener acceso a fichajes que les puedan hacer conjuntos competitivos. Esto provoca un campeonato en el que se dice habitualmente que hay "dos Ligas". Una protagonizada por los dos únicos equipos aspirantes al título, que juegan su propio pulso (que es convertido por los medios en una lucha de gladiadores, formando un espectáculo independiente del resto de participantes y que no tiene por qué dejar de ser bonito, volvemos a lo mismo) y otra en la que juegan el resto. Pero aun siendo cierto esto, hay que ver todas las verdades: En los últimos 30 años sólo cinco equipos (Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Atlético de Madrid, Valencia y Deportivo de la Coruña) le ganaron alguna Liga a Madrid y Barça. De esas 30 Ligas, sólo 7 se las llevó un equipo distinto a los dos grandes. Con y sin el sistema actual, siempre ha sido difícil ver un campeón distinto a azulgranas o blancos en nuestro país. La cosa es que antes, lo normal era que equipos como el Atlético, el Valencia o el Deportivo les causaran auténticos problemas y, de vez en cuando, les ganaran alguna Liga. Ahora es prácticamente imposible que eso suceda. Y dicho sea de paso, cuando sucedía, los medios seguían mucho más a esos conjuntos, porque era lo que tocaba. "El Eurodepor", el Valencia de Rafa Benítez o el Atlético del doblete tenían peso e importancia y por eso eran más atendidos por los medios. También de manera desigual respecto al Madrid y al Barça, de acuerdo, pero no a los niveles actuales. ¿Por qué? Porque eran equipos importantes y era lo que la gente reclamaba. En resumidas cuentas, se lo habían ganado en el campo.

Así que podemos decir, entendiendo que hay cosas que son ciertas, muy criticables y que deben cambiar, que el sistema se retroalimenta a base de lo que va sucediendo sobre el césped (que, por otro lado es lo lógico, ya que por mucho que lo hayamos convertido en espectáculo esto no deja de ser un juego). Y que en base a lo que sucede gira todo lo demás. Otro ejemplo: A principios de los 90, cuando el Deportivo de la Coruña subió a Primera y nadie podía imaginar en lo que iba a convertirse, la mayoría de la gente en La Coruña era del Madrid y luego del Depor. Esto fue cambiando al mismo tiempo que el equipo blanquiazul se convertía en un grande con opciones reales de rascarle la Liga a blancos y culés, hasta el punto de que en los últimos 20 años, pocos campos han sido tan difíciles para los merengues como Riazor y la afición gallega se convirtió en una de las más hostiles (deportivamente hablando) respecto al club Capitalino. ¿Por qué? Porque ahora el equipo de su tierra gana. Es normal. A la gente, normalmente, le gusta el fútbol para disfrutar, no para sufrir. Por eso, los equipos más seguidos suelen ser los que más ganan, o los que menos pierden. Con los que menos se sufre. Hablaba Luis de que la única peña conjunta de Madrid y Barça está en Granada. Probablemente, si el Granada dentro de cinco años (¡ojalá!) es un equipo que, por buena gestión, fichajes acertadísimos y suerte, ha ganado una Liga y tiene opciones reales de pelear en la Liga de Campeones, en Granada todo el mundo olvidará que es del Madrid o del Barça y se hará a muerte del equipo de su ciudad.
Otro ejemplo más: Cuando viví en Londres durante algunos meses el año pasado, en las tiendas de ropa deportiva, la primera camiseta de equipos extranjeros que veía siempre (e incluso algunas veces, antes que las de los equipos ingleses) era la del Barça. Al preguntarle a la gente, muchos eran los que me contaban que eso era sólo desde que el Barcelona había ganado las últimas Copas de Europa. Que allí todo el mundo estaba entusiasmado con el fútbol del Barça, con Guardiola y con la Roja, pero que siempre había sido al revés. El equipo español favorito en Inglaterra tradicionalmente había sido el Madrid. Es lo que toca, la moda, el ciclo...

Y una última reflexión: Siempre queremos lo que no tenemos. Ahora, viendo las tremendas desigualdades de nuestra Liga, observamos los campeonatos de Alemania, Inglaterra e Italia, en los que nadie tiene un dominio claro con ojos envidiosos. Sin embargo, en los años en los que Valencia, Atlético de Madrid, Deportivo de la Coruña, Celta, Mallorca e incluso Villarreal o Real Sociedad eran capaces de incomodar seriamente a los dos grandes, se escuchaban con bastante frecuencia comentarios sobre lo pobres que eran nuestros equipos referencia respecto a los de otras Ligas, que dominaban con despótica autoridad sobre el resto como símbolo de grandeza. Y algunos seguidores de Madrid y Barça que ahora reclaman más igualdad, entonces decían que era lamentable que "todo sea tan igualado pero a la baja" en España.
En cualquier caso, conviene alzar la voz respecto a las cosas que sí habría que cambiar y por supuesto, tener siempre presente que esto debe ser una lucha permanente por el equilibrio. Quizá el bipartidismo Madrid-Barça sea 'lo que toca' ahora, pero de todo se cansa uno y cada año que pase la gente reclamará más igualdad. Y cuando las cosas vuelvan a ser muy igualadas, que volverán a serlo alguna vez, si eso se prolonga en el tiempo la gente se acordará de estas temporadas. Y de Mourinho y Guardiola. Gracias, Luis, por alzar la voz para que por lo menos, todos nos demos cuenta de esto.

jueves, 19 de enero de 2012

Resaca post-Clásico: Primera parte


En el noveno Clásico de la era Mourinho (dentro de una semana tendremos post por la resaca del décimo) la gente, por primera vez en año y medio y hablando de forma generalizada y por lo que se lee y se escucha, empieza a perder la paciencia. El balance es de cinco derrotas, tres empates y una sola victoria. Una victoria que supuso un título, título que consolidó el proyecto y la idea del luso como solución para acabar con la hegemonía del Barça. Ahora, incluso siendo el equipo líder de la Liga y aún con todas las opciones en la Liga de Campeones, parece que todo eso empieza a no ser suficiente para una gran parte de aficionados.
Hablábamos en el último post sobre cuál era la mejor forma de ganarle al Barcelona. Antes de entrar a valorar lo que sucedió ayer en el Bernabéu, hay conceptos en los que casi todos estaremos de acuerdo: Mourinho es un grandísimo entrenador porque lo ha demostrado, cumpliendo los objetivos para los que fue fichado en prácticamente todos los clubes en los que ha estado, todos ellos de gran exigencia. Y está dándole un rendimiento excelente al equipo. Además, hace lo que considera que tiene que hacer para lograr el objetivo en cada partido. Luego sus planteamientos, sus tácticas y sus formas podrán gustar o no gustar, pero él hace lo que cree que va a dar más posibilidades de ganar a su equipo.

Dicho lo cual, por encima de discusiones tácticas, de imágenes de un club respecto al resto del mundo y de todas estas cosas de las que hoy se habla, la causa primera de las críticas es que la gente empieza a cansarse porque su equipo no gana. Así de sencillo. Y pasan los meses, los Clásicos, las oportunidades, y ve siempre ve la misma película. Con distintos matices, pero casi siempre con el mismo resultado. Y casi siempre con el mismo plan, el de ayer.

Un plan que, si fuese infalible, sería soportado por la amplia mayoría del madridismo, a pesar de que estéticamente no guste. Se utilizó después de un 5-0 en contra en el primero de estos nueve envites. Aquello no sólo lo justificaba, sino que además era lo que, intentando entrar en la lógica de un entrenador que venía de perder de aquella manera, tocaba en ese momento. Tocaba cambiar, hacer otra cosa distinta. "Si he jugado de una manera y me han metido cinco, vamos a probar de esta otra para contrarrestar sus virtudes". Como eso valió un título, reforzó el plan como la mejor vía para anular al Barça.
Y es verdad que de momento ha sido la única manera de ganar (lo dicho, de nueve partidos sólo una victoria, con ese sistema). Pero en este punto habría que diferenciar dos cosas: La alineación y el planteamiento. El Madrid de ayer y el del Clásico de diciembre se parecen bastante al Madrid de la final de Copa en cuanto a nombres y disposición táctica, pero la actitud no es la misma. El de Mestalla presionaba mucho más arriba la salida del balón, arriesgaba mucho más, mordía...el de ayer y el del penúltimo Clásico se parecen más al Madrid de la semifinal de Liga de Campeones, dando mucho más campo al rival, esperando más atrás y entregando el balón de forma más evidente.

En general, ninguna de esas dos variantes del mismo planteamiento gustan al aficionado blanco. En todo caso es más soportable la exhibida en Copa, no la de ayer. Aun así, lleva un año y medio dispuesto a renunciar a eso si la alternativa da para ganar al Barça, pero el equipo no acaba de ganar y la final de Copa cada vez queda más lejos. Y si además lo que la gente ve no gusta, contribuye a que haya ganas de cambio de estrategia. "Si repetimos esto una y otra vez y acabamos perdiendo, hagamos algo distinto".
Por eso el Bernabéu acabó pidiendo a gritos a once Juanitos anoche. Quiere otra cosa. E incluso sabe que cambiar no garantiza dar con la tecla. La apasionante discusión entre madridistas sobre cómo jugarle al equipo de Guardiola, si al ataque y sin complejos, o aceptando de antemano que es imposible disputar el balón y que la única esperanza es jugar como ayer, divide y da mucho que pensar. Valentía o cordura. Seguramente ambas posturas tienen parte de razón. Pero es que los defensores de esas dos posturas ya han visto y han vivido que, como norma general, el Barça te gana si le tuteas y también te gana si te encierras. Te gana si presionas muy arriba y adelantas las líneas y te gana si defiendes en la frontal con nueve hombres y entregas el balón. El final, sea de una forma o de otra, casi siempre es el mismo y eso es lo que desespera. Como decíamos al principio, la gente se cabrea porque su equipo no gana. Y si se gana jugando como no gusta, es soportable. Pero si se pierde jugando como le gusta y también como no le gusta a la gente, se prefiere el intento con la primera versión. ¿Quizá porque la derrota es más fácil de asimilar? ¿Porque uno se va a casa menos cabreado? ¿Morir de pie en vez de hincar las rodillas?    

Decíamos que la fuente de energía del Barcelona es el balón, y que alejando estos dos conceptos, Barça y balón, se desactivaba de forma rápida todo el sistema de juego blaugrana. El Madrid de la final de Copa dejó al Barça sin balón. No lo tenía excesivamente, pero tampoco le dejó utilizarlo al rival...y el rival sufrió mucho. Al menos, en la primera parte y en parte de la prórroga. El Madrid de las últimas dos versiones le entrega el balón al Barcelona. Ahora, con la eliminatoria complicada, tiene que cambiar en el Camp Nou, tal y como pasó en la vuelta de la semifinal de Champions. En aquella ocasión agradó más a la gente e incluso pudo dar un susto. También tuvo más el balón. Quizá ahora, obligado por las circunstancias y de la manera menos esperada, pueda encontrar alternativas.

lunes, 16 de enero de 2012

¿Cómo se le gana a este Barça?


De nuevo dos Clásicos, esta vez en cuartos de Copa. Será interesante ver cómo el Madrid afronta dos partidos más contra su némesis, poco más de un mes después del 1-3 en el Bernabéu.
El equipo llegó a esa cita como favorito por primera vez en bastante tiempo. Se lo había ganado después de una Supercopa de la que salió reforzado y se esperaba la confirmación de que había conseguido ponerse a la altura del Barcelona. La derrota, sin embargo, dejó la sensación de que de nuevo se ha dado un paso atrás, de que aún no se ha encontrado la fórmula para superar a este Barça. Por eso puede ser buena para el Madrid una reválida en tan poco tiempo.

Sin embargo, más allá de pronosticar qué pasará, la pregunta más complicada y la papeleta más difícil para Mourinho es: ¿De qué manera hay que jugarle al Barcelona? ¿Cómo se le gana al Barça?
En las últimas cuatro temporadas, apenas ha habido equipos que lo hayan conseguido. Las derrotas blaugranas han llegado con tanta intermitencia que da la sensación de que más que hazañas, hayan sido accidentes. El inevitable margen de error de cualquier equipo, por muy bueno que sea.

En los últimos años se han empleado sobre todo dos sistemas contra el Barça: Uno de presión sobre la salida del balón culé adelantando las líneas. Muchos de los equipos que lo han intentado han acabado goleados, sufriendo los balones a la espalda que tan bien saben aprovechar los centrocampistas culés. Ante esto, la mayoría optan por echarse atrás, defender con todo y jugársela a no encajar goles y materializar alguna ocasión al contraataque. Suelen acabar ahogados y mareados en un rondo en el que los centrales del Barça terminan jugando en campo contrario y en el que, al final, el Barcelona encuentra casi siempre una grieta. La necesidad y la exigencia de ser perfecto defensivamente con este planteamiento es demasiado grande.
Pero estos dos sistemas tienen un punto en común: En ambos, se entrega la posesión al Barça. Todas las ideas para intentar ganar pasan por cómo hacerlo sin el balón, ya que se ha aceptado de antemano la idea de que no se le puede quitar al equipo culé. ¿Y si alguien se rebelase contra esta idea?

El Madrid de Mourinho empezó queriendo jugarle al Barça de igual a igual la pasada campaña. Se llevó cinco goles del Camp Nou y se instaló la sensación de que por ese camino era imposible. Fruto de la manita emergió la figura de Pepe en los cuatro Clásicos siguientes, utilizado como perro de presa para igualar las fuerzas numéricas en el centro del campo y darle al mismo más consistencia defensiva. Mourinho lo combinó con una fantástica presión sobre la salida del balón del Barcelona que sirvió para no perder el partido de Liga y ganar la final de Copa. En la semifinal de Liga de Campeones, sin embargo, jugó pensando en el partido de vuelta y echó al equipo muy atrás en el Bernabéu para llegar al Camp Nou sin encajar goles. El sistema se vino abajo, polémicas aparte, tras la expulsión de Pepe.

Aquel cambio de estrategia se vio como un acto de cobardía en casa. La gente reclamó el plan que había valido para ganarle, por fin, un título al Barcelona tan sólo unos días antes y se volvió al esquema de presión y ritmo vertiginoso en la Supercopa, incluso prescindiendo de Pepe como centrocampista. Como la sensación generalizada a pesar de la derrota fue que el equipo había merecido más y ya estaba al mismo nivel que el Barça, se mantuvo ese esquema hace semanas. Y se volvió a perder estrepitosamente.

El hecho de que ahora el enfrentamiento sea una eliminatoria a doble partido y la última derrota vuelven a hacer tentadora la posibilidad de regresar a la versión física y defensiva. ¿Pepe otra vez como mediocentro? Las bajas de Khedira y Arbeloa condicionan mucho y quizá hagan que el Madrid no pueda jugar del todo a la defensiva y se parezca más al Madrid de los últimos Clásicos, pero en esencia, la elección es de Mourinho. Si quiere blindarse, encontrará maneras de hacerlo.

¿Y si se optase por una solución intermedia? Este Barça ha llegado a ser el mejor equipo del mundo y uno de los mejores de la historia por su idea, en la que el concepto fundamental es la posesión del balón. Lo cual quiere decir que la manera más eficaz y más rápida de anular esa idea es anulando el elemento en el que se basa. Dejar al Barça sin balón sería como vaciar el depósito de gasolina de un coche. Pero casi nadie lo intenta.
Equipos como el Inter y el Real Madrid de Mourinho o el Valencia esta temporada han utilizado la fórmula de presión ante el Barça con éxito. Pero aunque sea en contadas ocasiones, también ha habido equipos que han intentado quitarle el balón a los de Guardiola y han sido superiores cuando lo han conseguido. De esa forma le ganó el Betis el año pasado en Sevilla, estando todavía en Segunda División. Era un partido intrascendente de Copa después de un 5-0 en contra y el Barcelona jugó con muchos suplentes, es cierto. Pero si partimos de la idea de que se supone que el Real Madrid, con todos los respetos, es un equipo más fuerte que el Betis, es el equipo más fuerte del mundo junto con el propio Barça, ¿por qué no iba a ser capaz de hacerlo? ¿Por qué no combinar su presión y su intensidad con un intento de disputar la posesión del balón lo máximo posible? Quizá sea la pieza que falta en este apasionante rompecabezas.

viernes, 29 de octubre de 2010

De decisiones, de victorias, y de la Gloria

En el fútbol, como en la vida, hay que tomar decisiones, y nunca sabemos si esas decisiones serán existosas o no. ¿Acaso Messi, cuando gambetea en la banda en mitad de cancha, sabe que va a librarse de cuantos oponentes le salgan en su camino, que regateará al portero y marcará un golazo? ¿No sería más razonable que devolviera el balón a Xavi? Hablo, por si no lo saben, del gol que Messi marcó al Getafe y que muchos compararon con el golazo de Maradona.

Desde luego que no lo sabía, pero acertó. Podríamos entre todos poner un googol de ejemplos así, por lo que mejor dejar de ejemplificar.

Si hablamos de decisiones, de las que afectan a lo que acontece en un campo, predominan sobre todo aquellas que toman los entrenadores. Poner a tal o cual jugador, jugar a defender o atacar, adelantar tal posición o abrir las bandas, son claros exponentes. Estas decisiones dependen de muchos factores, como los jugadores que se tengan, las circunstancias del choque, del estilo que se crea ser poseedor etc. Y esas decisiones, cuando se toman, se hacen para ganar. Así de sencillo. Pero de ahí a vencer hay un largo camino y eso lo saben los entrenadores. Pero la decisión ya está tomada cuando empieza el partido (aunque se puedan corregir durante el encuentro).

La victoria se debe, en realidad, a un cúmulo de circunstancias, algunas controlables, otras no tanto y algunas totalmente impredecibles. Estas circunstancias pueden ser un gol en contra en los primeros minutos, errores arbitrales, los distintos jugadores y, por supuesto, la táctica empleada por el entrenador. Puede que tengas los mejores jugadores, que juegues mejor, con la afición a favor, pero si la pelotita (el Dios de todo esto) no te entra, y en un rechace mal despejado el equipo contrario se encuentra con un gol a favor, pierdes el partido. La suerte, ni más ni menos, es totalmente impredecible. Ahora bien, en un torneo liguero, de tantos partidos, la suerte se minimiza: "Lo que la suerte te da en un partido te lo quita en otro" dijo Javier Aguirre cuando entrenaba al Atlético de Madrid. Por eso las ligas las ganan los que suelen ser mejores. Pero en los torneos de eliminatorias (Champions, Copa del rey) la suerte es mucho más determinante: Un partido te puede matar, lo mismo que un minuto te puede salvar. Entonces, nadie, tras todo su trabajo y el esfuerzo de sus jugadores está seguro de que vaya a obtener la victoria. ¿Entonces qué?

Grecia, campeona de la Euro 2004
Lo que queda es sencillo, admitir esta realidad e intentar trabajar para ganar. Entonces tienes dos posibilidades a elegir: Hacer todo lo posible (y también lo imposible), o creer en tus posibilidades e intentar explotarlas. Es decir, intentar jugar bien o anular al contrario. Y cuando digo jugar bien me refiero a creer en tus recursos: El Barça en el dominio de la pelota y las triangulaciones rápidas, el Madrid de Mourinho en ese juego vertical huracanado, el Chelsea en su juego físico. Todos son válidos, hermosos según los gustos. O puedes renunciar a todo, anular al rival (poner a todos tus jugadores a defender, delanteros incluidos como laterales, o poner un marcaje a un jugador determinado para intentar anularlo) y confiar en que la suerte te sonría. Sí, así también se gana, que se lo digan a Grecia en aquella Eurocopa, o al Inter del año pasado contra el Barcelona.

Pero sólo cuando confías en tus posibilidades tus victorias cobran sentido, y las derrotas son menos dolorosas. Sólo cuando te mantienes fiel a tí mismo tus triunfos son, además, gloriosos. En cambio, si renuncias a aquello en lo que crees, optas por todo lo permitible y hasta por lo tramposo te conviertes en el malo de la película y tus derrotas son deseables, y tus victorias, huérfanas de gloria.

Por eso las victorias de Mourinho (al menos la que tuvo el Inter contra el Barcelona) no serán Gloriosas. Porque duele ver a Eto´o de lateral derecho cubriendo las subidas de Abidal, porque duelen las continuas interrupciones en el juego, porque duele que en la última batalla por alcanzar la final su equipo renuncie a atacar y no haga ni un solo disparo. Por eso, aunque la Holanda de Cruyff no ganase ningún Mundial, es, y será por ser siempre, un equipo Glorioso, aunque perdiese.

El tiempo siempre acaba por poner a cada uno en su sitio. A la Holanda de Cruyff nadie le discute, al Barcelona de Guardiola nadie le discute, a la España de Xavi nadie le discute. En cambio, la victoria de Grecia en la Eurocopa 2004, o aquel triunfo del Inter suscitan muchas críticas. Es lo que tiene la Gloria.

martes, 26 de octubre de 2010

Sobre jugar bien y ganar

Hay una cuestión que pulula en mi cabeza desde hace bastante tiempo y por la cual he tenido varios enfrentamientos dialécticos apasionantes con amigos y conocidos. Esta cuestión tiene mucho que ver con el momento que vive el fútbol actualmente. España es la referencia futbolística mundial en este momento por su estilo de juego y sus triunfos, así como en los últimos años lo ha sido el Barcelona a nivel de clubes. Ambos, el Barça y la selección, han logrado sus éxitos y el reconocimiento planetario en base a un juego de ataque que se fundamenta en el toque y la posesión del balón.

Desde siempre ha existido una tendencia en el mundo del fútbol que se manifiesta de forma más intensa en España. Dicha tendencia asocia en el lenguaje futbolístico los términos “jugar bien”, “practicar buen fútbol” e incluso “jugar al fútbol” con este estilo de juego que ahora impera en nuestro país. Ahora, claro está, lo escuchamos más a menudo. Pero, ¿sólo juegan bien los equipos que juegan así? ¿Qué es jugar bien al fútbol? O lo que es aún más importante, ¿qué es el fútbol?



Vamos a ponernos académicos por un instante. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, fútbol significa “juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón por una portería conforme a reglas determinadas, de las que la más característica es que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos”. No se dice nada de que fútbol signifique jugar al toque. Si uno revisa las reglas generales del fútbol publicadas por la FIFA, no se le concede ninguna ventaja al equipo que más tiene el balón, ni éste gana por realizar más acciones con la pelota. Hay una apropiación del término que asocia jugar bien a jugar de una determinada manera. Y no es sólo lingüística, se trata de una creencia establecida que menosprecia, ataca y tiende a sancionar al que no juega así. Cuando vemos jugar a un equipo que se encierra atrás y busca el contraataque es normal escuchar expresiones como “este equipo no juega bien al fútbol”, “no propone nada de fútbol”, “es el antifútbol”.

Que quede claro que, en la euforia y la tensión de un partido de mi equipo, yo mismo me hago partícipe habitualmente de estos comentarios. Y prefiero y preferiré siempre el estilo de juego de España al de Italia, o al que desplegó el Inter en el Camp Nou el pasado año, por poner un ejemplo. Ojalá mi equipo jugase cada minuto de cada partido como la selección española. Pero me parece injusto que ahora se quiera vender la idea de que sólo vale jugar así. Fútbol lo es todo y no se juega bien o se juega mal, se juega de una manera o de otra. Porque ¿cuál es el objetivo del juego? Meter el balón dentro de la portería, tal y como dicen nuestros colegas de la RAE y el reglamento. Y en el fondo, eso no es otra cosa que ganar. En fútbol triunfa el que gana, no el que juega bien (que conste que utilizo el término como todo el mundo para no confundir). Porque se puede jugar bien y perder durante un tiempo, pero un equipo importante no sobrevive si no gana, sea como sea.

Hay quien me dijo una vez que Holanda llegó a dos finales de la Copa del Mundo y las perdió, y hoy en día se recuerda más a ese equipo que a sus rivales ganadores por el estilo que impuso y que enamoró al mundo, lo cual es cierto. Pero animo a todos a pensar en varias cuestiones. Si se les preguntase a todos los holandeses si preferirían haber ganado esas dos finales jugando peor de lo que jugaron, apostaría lo que sea a que muchos no, muchísimos, dirían que sí. También apuesto a que los alemanes y los argentinos, cuyos equipos vencieron esas finales, sí que se acuerdan de sus compatriotas. ¿Y qué les importa lo que piense el mundo a ellos? ¿Alguien cree que a los italianos, cuatro veces campeones del Mundo sólo por detrás de Brasil, les importa que se les tache como los inventores del fútbol más defensivo que se conoce? Es más, lejos de avergonzarse, se enorgullecen de ello. Volviendo al partido del Inter contra el Barcelona de la temporada pasada, llegué a leer y escuchar en algún medio no sólo que el equipo italiano no merecía haber llegado a la final, sino que los italianos deberían sentir vergüenza por el planteamiento que habían hecho, incluso que se debería sancionar a equipos así. ¿Podemos imaginar a un seguidor del Inter diciendo que prefiere no pasar esa eliminatoria a cambio de jugar mejor?

Todo depende de la historia, las posibilidades, el estilo y el momento que atraviese un equipo. Es posible que Italia no sepa ganar Mundiales si intenta jugar de otra manera, de igual modo que nosotros no hemos sido campeones del Mundo hasta que hemos encontrado nuestro estilo. Si eres aficionado a un equipo quieres verle ganar. Hay quien dice que prefiere no ganar si no es jugando bien al fútbol, pero eso es porque la gente suele ser de los equipos que ganan casi siempre. Si eres de un equipo humilde o de uno que lleva quince, veinte años o toda la vida sin ganar nada, no piensas así.



Personalmente, lo que a mí me hace feliz es poder ir a celebrar los éxitos con mis amigos a final de temporada. Salir a la calle y cantar con ellos porque hemos ganado, sea una Liga, una Copa de Europa o un Mundial. Puede que otros no busquen eso en el fútbol. Y quizá sea raro en esto, pero también me acuerdo de los títulos que se ganan no jugando al toque. Porque si le preguntas a un aficionado al Barça si no vibró y no lo pasó bien con aquel gol de Iniesta ante el Chelsea en el último minuto de la semifinal previa a la última Copa de Europa conseguida por los azulgrana, no podrá negarlo. Y qué decir de la final del Mundial, en la que España jugó muy bien pero no al nivel de otros partidos, como por ejemplo el de Alemania o algunos de la pasada Eurocopa. Pero aquel partido tuvo de todo: Polémicas, entradas feas, tensión, momentos de poco y de mucho juego, ocasiones. Emoción, en definitiva, que es lo que despierta la adrenalina del aficionado al fútbol. Y encima vamos y ganamos. ¿Hay alguien que hubiera preferido jugar ese partido como nunca y perderlo? Me parece que no.

Así que supongo que cada uno tendrá su visión del asunto, que de eso se trata. No pretendo convencer a nadie, porque la gracia del fútbol, precisamente, radica en que cada persona tiene una visión de lo que es y lo que significa. Y eso es lo que lo hace más grande. Y por eso es perjudicial que se trate de condicionar todo a un sólo estilo y eliminar o censurar los demás. Porque si todo el mundo jugase de la misma forma sería igual de aburrido que ver a ese Inter metido atrás, o esa Italia que todos criticamos. Un respeto y un reconocimiento para ellos.

En vuestras manos dejo el debate.